¿Cómo no amarte, mi pequeño Matías, si día a día me obsequias motivos para quererte aún más? Con la llegada de la primavera el estudio se llenó de flores: iris y alcatraces de tallo largo, rosas, violetas imperiales, margaritas.... Intrigado, preguntaste el nombre de cada flor, dónde se habían adquirido, el por qué de sus colores...
Al final, tan libre y espontáneo como siempre, me dijiste, "mamá, todas son flores bonitas, pero la flor más bonita que yo conozco, eres tú...". Juró que de nadie has aprendido un piropo tan elegante y hermoso. Me conmoviste hasta el tuétano, como diría mi abuela.
¡Gracias! Estoy segura que, algún día, harás muy feliz a la mujer de tu vida...
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